Fue ayer por la noche, cuando antes de ir a dormir para cubrir eso que llamamos ciclos circadianos y mis horas de sueño reglamentarias, escuché una de las obras de arte de la humanidad. 15 minutos de disfrute para mis oídos, con una versión que nunca había escuchado de la Obertura Solemne 1812 del gran compositor romántico Tchaikovsky, una obra de arte que conmemora la resistencia rusa ante la invasión de la Grande Amée francesa, dirigida por Napoleón, una batalla narrada en forma de obertura musical que, a mí, me conmueve.

Recuerdo la primera vez que escuché esta obra. Fue en un concierto al aire libre de la banda del conservatorio de Toledo. El violonchelo comenzaba a sonar y toda la obra venía rodada, aumentando el volumen y agradando los oídos. Esta vez, en la versión que escuché ayer, estos violonchelos del principio están acompañados de unos coros que ya desde el principio me ponen la piel de gallina.

He titulado este escrito como Diario de Guerra porque esta obra no es más que el relato de la victoria rusa ante los franceses. Una obra con un proyecto ambicioso propuesto por el propio compositor y que finalmente no pudo darse por el asesinato del Zar Alejandro II. Tras este suceso, la obra tuvo que estrenarse en un espacio reducido y con el poco beneplácito del gran Tchaikovsky y dotando a esta obra de algo sin sentido y carente de cariño por parte del compositor. Algo irónico, pues es una de las obras más conocidas, interpretadas y veneradas de este compositor.

Esta obra es para mí el culmen del romanticismo hecho melodía. Fuertes y pianos, lentos y allegros entrelazados entre los engranajes de una de las etapas musicales más espectaculares de la historia de la música, con mayor sentimiento. He escuchado obras de arte que pueden llegar a ser similares a esta, pero ninguna puede compararse con la Obertura 1812. Mi duda es ¿Cuál es la obra que Tchaikovsky hizo con cariño? Pues si esta la hizo sin cariño, como sería si la hubiera hecho con cariño, una obertura que siempre me gusta escuchar, una y otra vez.

Llegamos al punto final, donde la percusión y los metales dan una tregua para llegar al gran final de esta obra, un allegro y forte imperial. Una marcha que es importante escuchar una vez en la vida, una obra que a mí me llegó al corazón y que muchos directores de cine han querido incluir en su banda sonora original, dado que es una obra con muchos matices, con muchos giros argumentales y que pudiera ser el recuerdo de una batalla contada por un autor ruso, en vez de utilizar palabras, este utilizaba notas musicales, en vez de frases, este utilizaba melodías y sobre todo, utilizaba el sentimiento humano, eso es imprescindible para escuchar esta obra. Para escucharlo tendremos que tener abiertos los oídos y escucharlo como es, un diario de Guerra del año 1812.

«Muy fuerte y ruidosa, pero carente de mérito artístico, porque la escribí sin calidez ni cariño» Pyotr Ilyich Tchaikovsky

Sergio Barajas Cruz

 

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